jueves, 18 de junio de 2009
Dos Historias para Una Noche-Parte Uno
Estiró la mano y a tientas, como cada mañana, detuvo el despertador del celular. Las seis treinta, y la cabeza aún no se despejaba del todo del sueño que le envolvía, mientras lentamente se coloca los anteojos y mira desganado las tablas de la litera. Con cierta ceremonia toma un cigarrillo de la cajetilla y lo enciende, aspirando suavemente el dañino humo matinal. Observa como hipnotizado las líneas celestes que se dibujan en la penumbra de la pieza a esa hora, cuando la luz del día apenas recorta la silueta de los cerros, allá lejos tras las ventanas.
Todavía fumando se sienta en el borde de la cama y enciende el pequeño televisor apostado en un destartalado velador de madera. La guapa conductora de noticias apenas alcanza para llenar la ausencia femenina de su dormitorio barato de pensión sureña, cuando advierte con una mezcla de desagrado y alegría que su pucho casi le quema los dedos.
Como rebobinando una antigua cassette, intenta repasar los hechos ocultos en su cabeza. ¿Qué habré dicho o hecho anoche?, se martillea las neuronas tratando de recordar sus acciones, pero apenas trata de hacer volver el tiempo algunas horas atrás una espesa nube cargada de ron y marihuana, de risas y música toma por asalto su memoria y le impiden ver con claridad los acontecimientos recién pasados. Un bar, se dice, un pub de esos rancios que hay en Quellón-¿corsario?, ¿taberna?- lo que tiene claro es que esta vez, al menos, no terminó haciendo show en ninguna casa de putas del puerto, eso lo sabe, eso sí, se repite, confiado en los escasos recuerdos que le permite su atrofiada cabeza aún bamboleándose entre la embriaguez nocturna y la segunda borrachera después del primer cigarrillo mañanero. Y justo cuando quiere empezar a vestirse para la pega, justo cuando busca sin mucha suerte calcetines limpios y calzoncillos en buen estado recuerda, con rabia, y con risa después, que es sábado por la mañana, no viernes, chucha, mejor por un lado, que si no, fijo que otra vez lo agarraban para la palanca en la pega, que párala un poco, que prende con agua, y vámonos jajajeándonos con el caracho; una vez más a media estaca en el trabajo, hablando pa’l lado, respirando a la inversa, para que jefe no cahe.
En pelotas y tirado sobre la cama deshecha deja pasar el tiempo y enciende un segundo cigarrillo-después, como siempre, pierde la cuenta, un poco para sentirse menos culpable, un poco para mentirse a sí mismo- mirando la tele sin verla de verdad, sin siquiera escuchar las noticias, para qué si son las mismas de anoche, mientras el sol intruso de noviembre se cuela lentamente por las destartaladas ventanas, anunciando que la caña de hoy será más feroz, que morderá las sienes más fuerte. Tumbado boca arriba, se esfuerza en soportar la resaca y, soñadoramente recuerda a Fito -”tener que vérmelas con la resaca”- y sonriendo sigue tarareando para sí desafinado la melodía del tema. Tiene claro que es una burla de él mismo esa mañana de sábado, ojos rojos, hediondo a tabaco y trago, aliento pestilente y otro cigarrillo en la boca. Se deja seducir por las líneas de humo y por momentos cabecea, bosteza, y vuelve a despertar.
Repasa como en el catecismo los sucesos de anoche; llamé a J y después a K, sin éxito, solo no salgo nica, pensó, se puso la chaqueta y de reojo, con cierta despreocupada vanidad, se miró en el espejo tocándose la barba, pasándose rápido una mano por el pelo, bien, bien no estoy, pero es lo que hay, y después de revisar su billetera contando tres billetes, se dispuso a salir. Sí, de todos modos, y como casi todo en su vida, sin pensarlo, salió solo.
II
Ella se miró al espejo, ritual corriente para no olvidar su belleza. Con justificada vanidad y posando, con cierto aire televisivo, se veía al espejo y se sabía rica. Aunque no siempre fue así, pues le había costado lágrimas de sangre la pinta actual; dietas, privaciones, rabias, colon irritable, todo con el fin último de agarrar un buen partido, un hombre que la sacara de este pueblucho de mala muerte en el que por aciagos juegos del destino había nacido. Con el cuidado de siempre, y con la sabiduría de un alquimista medieval, mezclaba los cosméticos para dar con el tono justo para verse absolutamente asombrosa. Cada línea del lápiz labial, cada brochazo de la máscara de pestañas debía caer en el lugar preciso para resaltar los delicados y bellos rasgos de su rostro.
La ropa “de boutique” en la pieza rosa colgada con cuidado en el closet la invitaba a pensar. Su amigo- si su cálculo no estaba errado y su billetera era acorde a la previa tasación que ella, como de costumbre hacía al conocer a un hombre- la llevaría al usual recorrido; una invitación a comer al mejor restaurante del lugar, unos tragos de nombre ingenioso en un pub de moda, la sagrada pasada por la disco alejada de la ciudad-la idea era que su hombre pagara una buena suma por su compañía-, para terminar en algún lugar romántico con un buen sexo automotriz o una pasada por algún motel parejero. Tenía que elegir las prendas con cuidado quirúrgico, todo top, pero cómodo. Sabía que cada una de las pilchas debía ser lo más única posible, polera, sweater, jeans, las botas, los accesorios, todo a imagen y semejanza de los catálogos de Avon, Ripley y Falabella que estudiaba sagradamente lo domingos en su cama mirando tele o chateando.
Miraba su celular parejero-el otro era para las cosas cotidianas- esperando impaciente el llamado respectivo. Al sonar, con el clásico ring tone de moda, dejaría que el galán se desespere un rato al otro lado de la línea, su idea era hacer las cosas difíciles. Era parte esencial del ritual de cortejo que acostumbraba instalar entre ella y sus pretendientes, “mis fans”, como solía llamarlos, en una actitud un tanto farandulera, propia de su cabecita atrofiada por tanto programa de televisión.
Luego de unos pocos segundos, se dignó a responder al Romeo de turno con su mejor tono sensual, “¡hola, que temprano llamaste!”.
- Todavía no estoy lista- dijo mentirosa -vas a tener que esperar un rato-.
Aunque hacía horas que estaba lista, vestida, peinada y maquillada, no podía demostrar que se moría de ganas de largarse ya de su casa, para no seguir confundiéndose con la monótona noche hogareña; sus padres en el living mirando tele, el pajero hermano chico descargando porno en el Internet y sus hermanos mayores llegando del partido de baby. La típica postal de la clase media quellonina, con el telón de fondo de la casa de subsidio, coronada por una combustión lenta recién comprada en treinta y seis cuotas en Sodimac.
Minutos después se oyen fuera de la casa los bocinazos de una cuatro por cuatro, y desde el segundo piso se desliza un claro y fuerte “mamá, dile a P… que ya bajo”. Taconeo feroz en la escala, un adiós veloz entre la puesta de abrigo y la llegada al picaporte y el portazo que cierra la escena
martes, 19 de mayo de 2009
ANCUD BAJO EL AGUA: 22/05/1960

"Parece que hubiera sido ayer-dice mi abuela sentada trás la estufa a leña- cuando la ola se lo llevó todo".
Cada 21 de mayo, entre la fritanga de empanadas de carne o de mariscos, sentados a la mesa en la casa de mi abuela, riendo con mis tíos, primos, hermanas y demás familia, los ojos de la anciana a medida que avanza la sobremesa se van tornando más tristes y brillosos y la conversa desemboca en el mismo hecho: el terremoto de 1960. De entre sus memorias hilvana un relato no de miedo o de terror, sino de inmensa tristeza. La tarde apacible en el Barrio La Arena, ubicado en la actual costanera, entre el muelle y la Playa de Fátima, y cómo el retumbar furioso de la tierra inicio la tragedia. En sus detalles no hay grados ni horas ni minutos de duración, hay vida y verdad, miedo y pena. Sus palabras nos trasladan a los momentos anteriores, a la tranquila residencia de bordemar compartida por sus padres, La Ica y Antuco, por Armando su marido y por los niños. Como cada fiesta, probablemente mi abuelo estaría reponiendo la caña del día 21 de mayo, y ella seguramente estaría conversando con su mamá o cuidando a los niños.
El ruido y el temblor iracundo rompieron para siempre su calma, fueron segundos para sacar a sus hijos y huir todos; de las cosas, nunca más se supo. De la casa tampoco. El terremoto no mató el Barrio La Arena, fue el mar. Cuando el miedo dio paso al asombro trás el fuerte remezón, el mar comenzó su engañosa retirada. Muchos incautos acudieron hacia la costa desnuda a buscar peces, mariscos, o sólo a mirar el extraño suceso. En ese momento se desató el caos. Con mortal poder el tramposo mar, convertido en una ola gigante comenzó su carrera de vuelta hacia Ancud. Muchos no se dieron ni cuenta, pero quienes miraban desde la orilla o las calles cercanas lo vieron, una increíble boca de mar tragaba todo cuanto sus húmedos y feroces colmillos podían engullir.
Espantados, los cientos de ancuditanos que habían terminado la siesta de manera tan abrupta, huyeron hacia los cerros. El mar les pisaba los talones y la muerte navegaba hacia el pueblo incontenible, violenta, feroz. El éxodo forzado desparramó a la gente por los alrededores, separó familias, matrimonios, pololos, hermanos. Cuando todo pasó, sólo el llanto, el miedo y la extraña alegría por estar vivos llenaban el ambiente. La noche fría fue la cobija de tantos que ahora no tenían nada.
Con el paso de los días, llegaban noticias de familiares en cerros o campos aledaños, de la tía que fue rescatada por un vecino, de los hijos que fueron cuidados por amigos o desconocidos, de aquellos que ya no estarían más. También supieron que no estaban solos en tanta desgracia, que Valdivia y otros lugares del Sur habían corrido suerte similar. Poco a poco se organizaron los sobrevivientes y comenzaron la búsqueda y la reconstrucción. Las autoridades locales, sin embargo no dieron abasto ante tanta necesidad urgente, y como siempre, los aprovechadores carroñeros sacaron sus garras para recibir lo que no les correspondía.
Los grupos mejor organizados iniciaron conversaciones para obtener respueta rápida a sus carencias; ropa, comida, casa. Los del Barrio La Arena, aguerridos pescadores y obreros, se pusieron manos a la obra, y poco a poco, comenzaron a avanzar hacia los terrenos en los que se construía una población en el sector alto de la ciudad, lejos, bien lejos del mar. Se asentaron sin permiso, con el derecho de no tener nada, junto a sus familias, ocupando muchas veces varias familias los pabellones que aún no eran viviendas.
-Así fue no más que llegamos todos acá-dice mi abuelita- con los ojos mirando allá lejos al pasado.
Hoy, cuarenta y nueve años después, la Población Inés de Bazán de Ancud luce gloriosa su estampa luchadora, organizada...saludos, vecinos, que el ejemplo de unidad y esfuerzo de nuestros abuelos, tíos y padres venga a nosotros en este nuevo año que, con tristeza por los que no están, pero con ojos llenos de futuro, recordamos.
jueves, 14 de mayo de 2009
CRÓNICAS QUELLONINAS
Ella se acercó sin ser invitada a la barra en que bajaba mi clásica Escudo chica-así no más, sin vaso-, la conocía hacía un tiempo, aunque no éramos amigos, si bien reconozco que las miradas que nos echábamos eran más que cómplices. Puro fuego, diría un amigo. Este puerto, al final da para todos, y no sólo trabajo y productos del mar.
Ella, decía, se sentó a mi lado y como que no quiere la cosa me saludó. Amablemente le respondí el saludo, pero sin dar inicio a una conversación, es más, diría que le di la clásica cortada girando mi cuerpo hacia la interesante fémina que me atendía en el bar e intenté seguir el cordial e imbécil tema que nos ocupaba-el frío o algo así- aunque ahora la dama a mi lado intentaba meter su cuchara, como reza el dicho. Sin embargo, corrieron a la par el inexorable tiempo y las cervezas, y ustedes saben, el raciocinio y el buen juicio de un momento a otro se fueron a la reverenda cresta. Además la doncella que servía los tragos hacía rato se había despreocupado del frío en las palabras mentirosas de otro de los asistentes al sucucho en el que yo intentaba, con más voluntad que capacidades, recibir la atención de alguna representante del género femenino de las que esa noche se meneaban por ahí.
No piensen mal de mí, la chica a mi lado, insistente, era lo que diríamos normal, ni linda ni fea, ni gorda ni flaca, ni tonta ni inteligente; un sólo defecto tenía la mujer: estaba "felizmente comprometida". Entenderán ahora la razón de mi prudente distancia, pues, fiel a mis creencias y sólidos principios "no debía desear a la mujer de mi prójimo"...Y ahí radicaba también el dilema de aquella noche, el "dichoso novio", mi prójimo, no estaba con ella.
Decía que las cervezas y el tiempo, sin que yo pudiese o quisiera detenerlos, avanzaban en el reloj y en mi cabeza, y para entonces, la damisela a mi lado había concentrado mi total atención. Ella logró su objetivo, era un pobre inocente atrapado en las redes de aquella persistente mujer.
Podría culpar a las cervezas, a la soledad, a la maldita música romántica del trovador en vivo, la cuestión es que de un momento a otro, había dejado la barra y me encontraba en una de las mesas del local muy "abrazaditos los dos" y pidiendo a gritos algo bailable- de hecho La Noche-, para seguir la jauja.
Por mi torrente sanguíneo, directo al cerebro, circulaban ya una considerable cantidad de cervezas chicas, que pese a su tamaño, dañan igual el sentido común. Es decir, a los primeros acordes de "la banda tropical del momento", me encontraba bailando hecho una pirinola. Y como dicen los entendidos y teóricos de la danza, no hay un arte que se aproxime más al ritual de apareamiento humano que bailar, una cosa pasó a la otra, y ya saben...Llamar un taxi a las siete y media de la mañana de un sábado en KellorK puede ser complicado.
martes, 28 de abril de 2009
Tenís "sanhenuss" de los chicos...

Ahora nuestro barrio tiene un vecino menos, la calle otro mártir ebrio, mi abuela un trabajador menos para sus changas, el negocito de mi viejo un chocolate que se quedó esperando y yo un recuerdo más... Y como la canción que escucho, Chame "sacó su pasaje, pero no sabe dónde..." Y acá, lejos de sus calles, yo sigo escribiendo...
domingo, 26 de abril de 2009
Crónicas Quelloninas/ Textos Inconclusos para un Chile Bicentenario

Por flojera, o tal vez más importante, porque no tenía nada que decir, este blog estuvo cerrado, mudo, clausurado; un poco como mi propia cabeza, que se estuvo cuestionando propósitos y proyectos durante todo el inicio del año...Hasta ahora... En este país en crisis, con un bicentenario ad portas, es tiempo de cuestionarse, cada uno en su cuento, en su mundo o en su momento. Ahora que los candidatos vociferan propuestas y hablan del futuro como si fuera a llegar mañana, como si en sus enriquecidos bolsillos trajeran un paquete de soluciones mágicas a la gran cagada que ellos mismos han ido dejando, me pregunto si seremos tan huevones como para volver a dejarles hacer lo que les plazca (no sólo a la concerta, sino a todos los otros). Para un proyecto 2010, aún sin título claro, estoy trabajando en estos textos, que acompañarán algunos artefactos gráficos...Échenles una leída y me cuentan que les parecen...
"1988"
Copa tras copa bebimos hasta el fondo
hasta ser nosotros mismos el vaso
nosotros mismos la botella
y sin darnos cuenta siquiera
quedamos vacíos, secos, muertos.
"Guirnaldas de sangre, guirnaldas de sangre coagulada adornan este Chile actual, este país es una larga y delgada gota de sangre, faja de muerte, hilillo fatal descolgándose de la entrepierna de la madre patria..."
"Velamos tu sueño, Patria, vieja podrida, moribunda...Pronto maraca,Patria,vendida y sobre tu cuerpo sin vida celebraremos la fiesta, brindaremos en un último salud nuestra perdición... y sin prisa, desde el helicóptero, esparciremos tus cenizas hediondas al mar".
"Transición"
De tus mustios senos, democracia, brota la sangre que continúa alimentando a los chacales.
"El festín de las bestias"
Lacerada surcos de sangre en la carne flor de dolor abierta ante tus ojos "cómo las ven y no os cubren" cómo las ven y se ríen... Los perros lamen las llagas.
En próximas entradas, más textos e imágenes de los borradores de este proyecto...Y por supuesto, más crónicas quelloninas...
viernes, 30 de enero de 2009
Crónicas veraniegas

domingo, 5 de octubre de 2008
Experiencias TICs y Competencias Informáticas.

Experiencias como esta son accesibles a escuelas en todo el país porque tratan temas que son de carácter universal.En cuanto a la apropiabilidad ya está dicho, lo universal del tema y la concordancia de objetivos son obvias. Del impacto, creo que todos tenemos claro que al utilizar tic estamos más cerca que nunca de nuestros alumnos, utilizando lenguajes que le son conocidos y ambientes en los que ellos se desenvuelven (a veces mejor que nosotros).De los dominios requeridos, sólo el uso de software sería, quizás, más complejo de lograr, pero no lo demás, pues internet provee información más que suficiente...